Bienvenido a la selva
"Bienvenido a la selva"


<< un poquito más…>>. Veía el puente a lo lejos.  Miraba mis brazos sentir como ardían. Sacudía mi cabeza con la imagen del termómetro un instante antes, marcando 43 grados. El sudor corría por mi frente, pero apretaba los dientes y me abstraía equiparándolo con aquellos días del Death Valley o la dureza de algún mediodía en Marruecos. El trazado era parejo, monótono. Miraba alrededor. Veracruz me recibía con un paisaje tosco. Los campos de trigo se extendían con apenas alguna sombra remota, donde las vacas, que parecían mirarme incrédulas, no se atrevían a poner un dedo en ese azote de mediodía.
Llevaba 90km pero aún me restaban 40, en una jornada donde tras casi tres semanas sin bicicleta, confiaba en exceso en mis posibilidades. Sabía que mi cuerpo con la altura del centro de la República, había estado ajeno durante meses a estos infiernos, y el martilleante dolor de cabeza me recordaba que algo no iba del todo bien. Consciente, me había sobrehidratado durante el día, ¿habrá no sido suficiente? Imaginé que me desplomaba, <<¿que pasaría?… ¿despertaría en los brazos de un fornido camionero?>> , sonreía, << puedo hacerlo…>> Fijaba mi mirada en el puente que parecía desdibujarse entre esa calima que desvanecía hasta el zumbido de los trailers. Mi respiración estaba sobresaltada. <<..un poquito más…>>
Al fín llegue alcancé aquella pequeña sombra. Temía que me diese “una pájara”, pero era demasiado tarde. Me tumbé, dejándome caer, mareado. Exhausto. Derrotado.

 

 

“Una de bomberos”

Viene en todo manual de cicloturista y subrayado en cuanto a América Latina se refiere.
Bomberos suele ser ese cobijo especial del viajero, la institución que goza de nuestra mayor simpatía. ¿Será su alma humana, o su poca maleabilidad a ser corrupta?. Lo cierto es que sirve honestamente al ciudadano, al que no pide nada a cambio.
En México, dada su idiosincrasia política y una desprofesionalización injustificada, a menudo o casi siempre, lo forman voluntarios, que con un material dudosamente seguro procedente de donaciones, ponen su vida en el fuego, como si de un juego se tratara.

Família bomberil de CD Mendoza

Bomberos: Una família en CD Mendoza

Así llegaba agotado a Ciudad Mendoza, cerquita del pico de Orizaba, después de 130km toscos y varios pinchazos que desdibujaban el rostro sonriente que había salido de Puebla 9 horas antes.  Me encontraba de pie, disimulando con aquella fatídica rueda trasera, mientras revisaba el típico discurso clamando solidaridad: <<- Hola, buenas tardes..! (sonriente) Que tal! miren soy Daniel, de España, y ando recorriendo toda la República en bicicleta. (…) Les quería preguntar si serían tan amables de prestarme un huequecito para mi carpa o mi saco, para pasar la noche…>> , pero la naturalidad bomberil superó mis expectativas hospitalarias, y antes de pronunciar palabra, aquella família de Ciudad Mendoza ya me estaba ofreciendo cama, ducha, wifi, y hasta cena, a la que me invitaron sin que pudiera rechistar, obviamente.

En Córdoba sucedióseme algo un tanto peculiar. Como relaté en esta entrada de Facebook tras casi 6 meses en México, dos desconocidos (días después hubo un tercero) quisieron darme dinero para mi viaje (algo que ya me había pasado en otros países). Lo curioso es que aquí, los tres casos ocurrieron en el estado de Veracruz… ¿significativo o casualidad?  😉

Bomberos de Cosamaloapan

Bomberos de Cosamaloapan

 

“Realidades convergentes”

Carnavales en Cosamaloapan

Carnavales en Cosamaloapan

En Cosamaloapan llegué por tercera noche consecutiva al cobijo del Cuerpo de Bomberos.
La casualidad me premiaba además con un tesoro Veracruzano, un pueblo en pleno apogeo de carnavales. Un tumulto sonriente bañaba la plaza mayor que asistía, formando un enorme círculo, a la exhibición de baile y color de las diferentes comparsas.  Cada séquito aguardaba con emoción su momento de deleitar al público, con esa facilidad que pareciera tan común en el mundo latino, de acompasar cuerpo y música.

Mi entusiasmo después de vivir tal estruendo de alegría volvía a otros cauces, sobretodo después de una interesante conversación con uno de los jóvenes bomberos voluntarios de la estación, (sin cambiar precedente me trataron con exquisitez).

El eco de esa charla retumbaría en mi durante la noche e incluso el día posterior. Me sobrevinieron imágenes de una película, a ojos ajenos de ciencia ficción, con el conocido título de.. “el narco en México”.
Héctor me daba todo lujo de detalles sobre una historia que ya escuché por primeras personas. Con la que apenas topé, pero de sucesos innegables, de atrocidades en las calles que perplejo miraba delante.
Por suerte “todo había cambiado un poco“, “todo estaba más tranquilo“, pero ese pequeño pueblo parecía esconder la mayor barbarie humana. ¿Cómo podría concebir, tras encontrar en mi viaje pura humanidad…, que la codicia y el poder de un ser ignorantemente humano puede llevar a alguien a cometer los crímenes más salvajes? ¿Como concebir que se llegue a la irracionalidad más absoluta de despreciar la vida misma, la de un paisano, la de un vecino o hasta la de tu propia sangre?

– Mucha gente tenía que huir. Se marchaba a otros estados.
Pero llegó un momento que ya ni salir podías

Así incrédulo asistía a las escenas que Héctor me relataba, donde como servicio eran espectadores las 24 horas, de una guerra callejera teñida de sangre. De cuerpos e instituciones abrumadoramente corruptas, de extorsión casa por casa. De un pueblo rendido, prisionero, con sus entradas controladas “por la mafia” día y noche. “– En una ocasión entraron al palacio de gobierno..varios..armados. Sacaron a todo el cuerpo de policía, a todos, y les metieron una madriza (paliza) allí delantito..“.

De cuerpos y cuerpos en el cañaveral. De chiquillas violadas y asesinadas como parte de un juego macabro de poder e ignorancia. De secuestros sin recompensas, por ser el final el mismo. De pistolas paseadas a plena luz del día. De tanquetas, lanzagranadas y balaceras diarias. De marines matando, por un ejército de intereses.  “Casi todos se movían en motos, parriba pabajo” (…) “Cuando atrapaban a alguno, lo llevaban ahí a los federales y a la media hora estaba por la calle…” “Así que luego cuando los agarraban… tenían que darles cuello” … “pam.. un disparo en la cabeza”.

Me contaba todo comedido, en voz baja, como temeroso de que el aire pudiera llegar hasta la casa de las represalias. Para mí, ese parecía otro México, más oscuro incluso que el que los medios pintaban. Pero mucho más concreto, puntual, por suerte; de lo que la mayoría pensaba.
De toque de queda, miedo y calles desiertas. De sangre, terror y lágrimas.

 

Amigos y ciclo-reencuentros

– “Cómo voy a salir a descubrir otro lugar sin conocer el mío? Si soy Mexicano…”
Paco, 3 años pedaleando México.

Coatzacoalcos fue un bálsamo en esa rutina de intenso pedaleo solitario.
El destino me regaló conocer a Paco, un mexicano que lleva la friolera de tres años pedaleando su país.  Una (verdadera) guía viviente de México. Un ejemplo para todos esos paisanos suyos a los que el miedo cohíbe (muchos). Y más allá de eso, una excelente persona; un amigo. Aquí su Página de Facebook: “Viviendo sobre pedales”

Reunión Biciviajera en Coatzacoalcos

Reunión Biciviajera en Coatzacoalcos

Paco, un mexicano que lleva 3 años pedaleando México

Paco, un mexicano que lleva 3 años pedaleando México

La bici de mi amigo Christian...puro show de más de 100Kg

El show de mi amigo Christian…bici de más de 100Kg

Pero el mundo es un pañuelo, y los ciclo-reencuentros llevan la magia de esa sonrisa especial de los que comparten sueños.
A Christian y Sania los había conocido en Guadalajara, cuando hospedado en la Casa Ciclista llegaron una tarde con intención de informarse para arrancar un inminente viaje. De Sania, recordaba aquella expresión de ilusión comedida por la incertidumbre de lo que suponía un largo viaje en bicicleta al que nunca se había enfrentado. Christian sin embargo, llevaba en sus piernas su infatigable condición de nómada, que lo había llevado a amar la bicicleta y prodigarla por diferentes partes del planeta.

Y allí estaban, meses después, para mi sorpresa, mexicana y chileno en Coatzacoalcos. Tuve que regalarme aminorar mi marcha, pese a que la prioridad de renovar mi visado me llevaba “en chinga” hacia la frontera. Compartimos dos o tres días de viaje: paz, sonrisas y yoga, en un marco incomparable de selva, playas desiertas y hasta algún paso en barca…

Me quedé, como con otros viajeros y circunstancias asíncronas, con ganas de compartir más pedaleo, puesto que llevaban mi misma ruta: la de sonreír y soñar, sin tiempo para tener prisa.

Con mi visa Mexicana renovada…es hora de amarrar un descanso.
Aquí, donde lo hacían los piratas, yo fondeo mi nave indefinidamente.
Es hora de sumergirme en los tesoros de esta perla turquesa que por fin toco y que todo el planeta venera: el Mar Caribe.
¡Abrazos!  😎

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Dani Ku

Dani Ku

Viviendo en bicicleta he descubierto que cada día puede ser eterno.
Nunca imaginé recorrer el mundo o vencer al tiempo.
En éste modesto taller de letras e imágenes, espero contagiar un sueño: no hay nada excepcional, no dejes de soñar, tú también puedes hacerlo.
Dani Ku

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