Guadalajara: un mes, una vida
"Guadalajara: un mes, una vida"

Siempre solía subir por Vallarta.
El rugido de sus cuatro carriles tensaba mi mirada en el retrovisor hasta que giraba por Colonias. La calle se estrechaba en un crepúsculo de casas de planta baja, donde las fachadas, con su pintura desconchada, parecían tener la mirada avezada de un anciano dispuesto a contar tantas historias de vida.
Mi sonrisa iba haciendo eses entre el pavimento bacheado y la Purita era la única atrevida a quebrar el silencio de Santa Tere.
Pasaba una cuadra, otra, observando…; leía “abarrotería” o “copias a color” mientras pedaleaba abstraído en ese pequeño mundo.
En la esquina con Garibaldi se colaba el aroma de algún puesto de tacos, y el trapo de los aparcacoches solo detenía su vaivén ante la sorpresa de mi saludo. Contaba unos cuantos vochos (VW Escarabajo) y entre las rejas de una tiendita asomaba el hogar de unas luces navideñas. Seguía pasando cuadras, esquivando badenes, y al girar por Acuña llevaba rato con la sonrisa puesta. Miraba atrás, soltaba el manillar; leía “Casa Ciclista”, ya estaba en casa. Y se volvía a parar el tiempo.

“Carta a/al tiempo”

Recuerdo ese día con inusitada emoción antes de que el tráfico devorara todas mis expectativas.
Rodaba con “Rash”, mi compa de Singapore, como desde hacía tiempo.
Nos acercábamos a esa gran urbe y en mi cabeza revoloteaba todo lo leído sobre su famosa casa ciclista, el mensaje de Salva Rodríguez  alentándome a quedarme varias semanas, y la intriga que suponía conocer por qué “mis grandes viajeros”, como Alvaro, Lorenzo Rojo o el propio Salva habían destinado ahí tal cantidad de..

  No tengo tiempo para tener prisa.

Un mes es mucho tiempo, incluso para aquellos cuya vida se rige por ese embuste esférico con agujas que desgarran en silencio.
Me marché del tiempo que se evapora sin amar, sin vivir, o condenándolo de por vida. Huí de quien “no tiene tiempo” o de quien vive inmerso en esa trampa fugaz de pensar que lo tendremos. Fueron esas personas, algunas reproducciones de muerte en vida, las que me empujaron, a tiempo.
Y es esa misma clave la que descifra el vidaje; la que puede haceros intuir por qué creo que ya no podría volver a vivir de otra forma que no sea rigiéndolo sólo por el sol, el día la noche, por sentirlo infinito, sin límite, por poder tocarlo a cada instante, despertar bajo la luna, oyendo como la lluvia golpea mis alforjas, saliendo a mear entre un desierto de estrellas, perdiendo la mirada entre los árboles a 5 kilómetros-hora o parándolo en un fluir lento: el de saborear a cada instante el regalo de una voz, una cara y una cultura diferente.
De todo aquél que me regale su..
Un mes es mucho tiempo, pero yo, no tengo tiempo para tener prisa.

Escribía estas líneas desde la plaza del Expiatorio. Un colosal templo de estilo neogótico, cuyo relieve de piedra tallada había repasado tantas tardes.  Era uno de tantos de la bella Guadalajara, para mí, no uno cualquiera.
Alzaba la cabeza al campanario buscando su majestuoso reloj y mientras, “ella” estaba justo ahí, detrás de mí, aguardando a que nuestras sonrisas se cruzaran de nuevo como tantas tardes. Tiempo.
Los domingos la plaza era un perfecto cliché latino. Vendedores de tintes indígenas poblaban su centro con pulseras, collares y atuendos coloridos que se fusionaban con aromas a pozole, elote o comida vegana entre esa aleación de rasgos tan singular y cautivadora de México. A un extremo, religiosamente, se prodigaban a ritmo de baile de salón, longevas parejas con sus mejores atuendos. La juventud paseaba o se mantenía apóstata alrededor de una enorme fuente y junto a ese bullicio contrastaba el silencio prominente del templo que permanecía abarrotado de plegarias.

Entretanto mi casa fue mucho más que el intenso vidaje que preveía.
La Casa Ciclista era un hervidero de amigos, activismo altruista y sonrisas.  En el taller kilos de metal bailaban los temas de Becerril que paliaba su pasión bicicletera cada mañana. Mario era ese placer de las conversaciones trascendentales, Izhak ese hermano y confidente, Berna otro enamorado del cicloturismo que enseguida me tendió su mano; y el salón un hogar donde viajeros, voluntarios y amigos confluían en mañanas, tardes y noches inolvidables.
Sería injusto no nombraros uno a uno a esa gran família que por allá me regaló tanto, pero ellos ya saben quien son.

“Lontxo” tardo sólo unos instantes en ser el primer regalo.  Tras sólo unos minutos pisando Guadalajara mi entusiasmo se aceleraba cuando marcaba el número “del patrón”. Así conocíamos muchos a ese enigmático tipo de Victoria, a esa victoria sobre la vida, a Lorenzo Rojo; con mayúsculas, que llevaba 17 años viajando en bicicleta por todo el planeta. Me honró invitándome a su íntima fiesta de despedida, me colmó con una dosis de sus consejos, y me regaló parte del escaso tiempo que restaba en Guadalajara. Discreto, sencillo y hasta ligeramente introvertido hacen verdaderamente entrañable a alguien que carga la riqueza y la sabiduría de todo un planeta.

   “No creo en las coincidencias, prefiero la inevitabilidad. Todo es inevitable, si no lo fuera no ocurriría” – Interestatal 60

A “ella” la conocí casi al mismo tiempo, el segundo día de llegar.
Mi vidaje anhelaba esa primera fiesta en varios meses casi tanto como la posibilidad de tropezar gustosamente en uno de esos “baches” , y el destino, caprichoso, me trajo, para ponerme a prueba, la más cautivadora de sus sonrisas.

Siempre digo que no hay mejor forma para conocer un país, un lugar, que conviviendo con su gente, en su casa, escuchando compartiendo,y así Guadalajara fué el mejor regalo, la mejor guía, y hasta el beso más intenso. En casa era un anfitrión más, y allá, donde paraban esas alforjas de sueños, saboreaba ese delicioso pastel de conocer a la gente más interesante proviniente de todo el planeta. Nueva Zelanda, Malasia, Alemania, Inglaterra, España, Francia, Polonia, Bélgica, Corea, USA, Canadá…añadían fascinantes historias a mis páginas en blanco. A su vez todo era una gran família, y los días no tenían nombre, no se diferenciaban más que en el tono de una risa, en el color de la comida, en el lugar de la fiesta, o en la sorpresa de un nuevo regalo.

 

“VueltaAlMundo” hace mucho que fue solo una excusa suficientemente lejana como para pensar en otra; que decidí inventar o tomar prestada una carretera que no existe como paralelismo de una historia acerca de sueños y destino.
“Ushuaia” o “Nueva Zelanda” son tan sólo pretextos de un rumbo cuya meta amanece a diario. ¿puede uno enamorarse en/de un sueño?
No tengo duda, como tampoco de que el anhelo de ese camino es inquebrantable.

 

Tiempo.
y VIDAJE, con mayúsculas.  😉

Un abrazo enorme,
Nunca dejes de soñar.

Dani, www.neverstopdreambiking.com
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Dani Ku

Dani Ku

Viviendo en bicicleta he descubierto que cada día puede ser eterno.
Nunca imaginé recorrer el mundo o vencer al tiempo.
En éste modesto taller de letras e imágenes, espero contagiar un sueño: no hay nada excepcional, no dejes de soñar, tú también puedes hacerlo.
Dani Ku

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joseDanikuLaura Recent comment authors
Laura
Laura

Si que eres poeta si!!! ♡♡♡yo tmb me animo a cantar esa canción jejeje Me encanta tu post y sobretodo lo que estas viviendo :)! Son las experiencias que te alegran el camino ! Peace & love hermanito! Tq!

jose

Leo esta noche de viento sobre tiempo detenido en Guadalajara y parece q no hace tanti frio. Afectos como los que compates a diario en Mejico nos abrigaran a otros ciclista magnana para pedalear por Tierra de Fuego a dos jornadas de Usuaia. un abrazo Danu.