Entre mar@s – El Salvador
"Entre mar@s – El Salvador"

No recordaba el Pacífico con esos colores, ¿será que llevo más de un año sin verlo?
Mañana paso al Salvador y mi alma, tan impregnada de los colores indígenas guatemaltecos, se pierde imaginando historias en el país con cara de chico malo. Puedo sentir la atmósfera de las calles desiertas, o los tatuajes hostiles de esos adolescentes flacuchos esperando elegir su víctima según el color de ropa. La miseria humana de despreciar una vida. La ruindad del que vacila arma en mano, ¿y si me toca a mi?

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En la frontera de “la hachadura”, a escasos 15km del pacífico, Luis agitaba billetes con su sonrisa mellada mientras aguardaba impaciente el impass de otra oficina de inmigración. Una cola de rostros tétricos me observaba con atención, en un pasillo donde corría un aire turbio que decoraba las películas de mi mente . Las puertas salvadoreñas se abrían si más no, con la sonrisa amable de muchos y el grito de “gringo” de otros. Resulta curioso que un país que tiene un tercio de la población en Norteamérica y dólares americanos en sus bolsillos, te llame gringo a todas horas..

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La injusta fama y las historias de mareros aceleraron nuestro paso por la costa salvadoreña. Días para adecuarme y aceptar el ritmo de mis nuevos compañeros madrileños, Ana y Adrián, con los que mucho nos une aunque el tempo nos separa. Ellos fidedignos al pedaleo diario, al ritmo constante, a las fechas y el tiempo; y yo, que sin tiempo para tener prisa, despierto sin alarma y paro sin reparo.
Me bastaba una Pilsener (cerveza local) para amenizar las tardes y olvidar la religiosa tormenta diaria; y unas Pupusas, (el plato estrella Salvadoreño junto al tamal de elote) para recuperar las piernas. Dibujamos nuestro paso por la línea de costa, unos 350Km antes de topar con Honduras (el vecino con el que no se habla). Así, fuimos pernoctando en Acajutla, La Libertad, Zacatecoluca, Chirilagua y la Unión (desde donde escribo gracias a la cortesía de los bomberos). Y fue el penúltimo lugar, Chirilagua, el que encumbró nuestra imagen y recuerdo. José, que abre su hogar y su corazón a bici-viajeros desde hace años, consolidó ese cariño y el rostro amable con el que recordaré El Salvador. No sólo su familia: las municipalidades y organismos que nos dieron hospedaje y los cientos de rostros de sus carreteras y cantones, pusieron su granito de arena sobre un país y una gente, que lamentablemente, han sido asesinados por los medios.

Abrazos desde Honduras 😉

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Dani Ku

Dani Ku

Viviendo en bicicleta he descubierto que cada día puede ser eterno.
Nunca imaginé recorrer el mundo o vencer al tiempo.
En éste modesto taller de letras e imágenes, espero contagiar un sueño: no hay nada excepcional, no dejes de soñar, tú también puedes hacerlo.
Dani Ku

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